Indicativo geográfico y propiedad de productos agrícolas, la denominación de origen corresponde al lugar de producción, transformación y elaboración de rubros alimenticios.

Más que la mera señal geográfica, la denominación de origen es la particularidad que invita a reconocer una producción en especial, refuerza la identidad de la agricultura de una región y evita que productores ajenos a ella se aventajen de su celebridad.

Con respecto a la de Ribera del Duero, dicha popularidad afinca raíces en su historia, una que, por cierto, ha estado plagada de buenas cosechas que solo esta vez no incluyen a los frutos, ejemplo de ello es haber recibido el galardón "Wine Stars Awards" (2012) en una ceremonia que premió a Ribera del Duero por ser la mejor región vinícola del mundo.


Castilla y León, honorables provincias de España, amparan los viñedos de la denominación de origen Ribera del Duero


La franja en la cuenca del río está recubierta de sedimentos, capas de caliza y suelos de contextura arcillosa; es de al menos 115 kilómetros extensión y 35 de ancho y es, además, muy variable en sus tintas con especies de tempranillo, Cabernet-Sauvignon, Merlot y Malbec.

De estas cepas tintas, el tempranillo es considerada como la más flexible y autóctona de España, sus racimos son tupidos a doble hombro y proveefrutos de mediano tamaño.
Como resultado de su tonalidad, los vinos muestran una sólida coloración amoratada.

Cabernet- Sauvignon, especie originaria en Francia, es de adaptación aceptable, pero más esquiva que su antecesora. Sostiene racimos igual de compactos, aunque con bayas más pequeñas similares a las de la cepa Malbec, diferenciándose de esta por el aroma a pimientos y frutos maduros contrario al de visos mentolados y frutos negros de Malbec.

La clasificación Merlot, por otra parte, supone una producción bastante limitada como consecuencia de su habituación media en la zona. De maduración lenta, la cepa rinde uvas azuladas empleadas en la producción de vinos selectos, intensos en color y de acidez regular.

En Ribera, de lejos, una vista irrepetible recuerda a la calidez y la más absoluta tranquilidad.
El clima, seco en verano y crudo en invierno, se entrega vacilante a lo largo de las estaciones para contribuir al ciclo de la vid, convidando así condiciones idóneas para los viñedos, de ahí que la calidad de sus caldos sea innegable.

En Ribera del Duero la producción es asimilada por cinco clases de vinos: rosado, tinto joven, tinto crianza, reserva y gran reserva; no obstante, de estas categorías, son vinos tinto crianza (potente, dulce y fragante) y de vino tinto envejecido en barricas de roble (perfeccionado y sabroso) los que elaboramos en Pargos, siempre devotos de perseguir procesos supervisados en la selección de vid, obtención del zumo, manejo, añejamiento y conservación del licor.

El nacimiento de la denominación de origen impulsa las actividades vitivinícolas y brinda el impulso necesario a la reputación de productos terminados de la región.
Asimismo, la inversión en tecnología de punta y las ordenanzas emanadas por el Consejo Regulador, conjugan junto al prestigio un punto focal inalterable ocupado por la denominación de Ribera del Duero.